Primera Comunión

 

Recibir a Jesús por primera vez es sin duda uno de los momentos más importantes de nuestra vida. Él, que es el Verbo del Padre, que es Dios, que es infinito, que no cabe en ningún sitio, se quiere ocultar bajo la apariencia de un trocito de pan para que le podamos comer. Él se mete dentro de nosotros para alimentar nuestro cuerpo y nuestra alma, y así transformarnos en Él.

 

 

PARA NIÑOS

 

Los niños que deseen recibir la Primera Comunión deben recibir primero la catequesis adecuada a su edad.

 


Ficha inscripción a Primera Comunión

 

 

PARA JÓVENES Y ADULTOS

 

Las personas que han superado la edad normal de catequesis y no hayan recibido aún la Primera Comunión pueden prepararse también para recibir este sacramento con una catequesis específica o bien con un cursillo intensivo para los que ya frecuentan las reuniones de formación de jóvenes o adultos.

 

 

La Santa Misa

 

El santo sacrificio del Altar es el centro y el motor de toda la actividad de la parroquia. Nunca debemos cansarnos de profundizar en el misterio que encierra, que es la presencia real del mismo Cristo ofreciéndose al Padre para nuestra salvación. Él nos ilumina con su Palabra, viene al altar y se nos da en alimento para que nunca más tengamos hambre.Para conseguir una mayor participación de todos en la Misa, en la parroquia existen los grupos de acólitos y lectores, de monaguillos y de animadores de canto.

 

La Eucaristía en el Magisterio de la Iglesia:
 

«La Eucaristía es fuente y culmen de toda vida cristiana. En ella se alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración de la Eucaristía nos unimos a la Liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna».

cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1324-1326

 

 

La oración

 

¡Jesús está vivo en la Eucaristía!, y te está esperando para encontrarse contigo.

Cada vez que entras en la iglesia, Él te mira, te ama y quiere descansar en lo más profundo de tu corazón. Acompáñale, mírale, ámale, y descubrirás que tras las apariencias sencillas de la blanca Hostia se encierra el mismo cielo, el mismo Dios, el mismo que te ha creado y que quiere hacerte rebosar de su felicidad.

Desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, excepto durante los actos de culto, encontrarás siempre al Señor expuesto solemnemente en la custodia gracias a la iniciativa de la Adoración Permanente.

Puedes ayudarte de las lecturas que te ofrecemos cada día para aprender cada vez mejor a ponerte en contacto con nuestro Padre Dios.

 

La Eucaristía en los escritos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia
 

«Y la presencia real de Jesús, dándoseme en comida y en bebida y haciéndome saltar de gozo en el Espíritu Santo, me repleta tanto, que se llenan todas las apetencias de mi corazón; porque poseo al Todo en mi nada en requiebros de amores eternos, que introduciéndome en sus pensamientos divinos, ilumina mi pobre entendimiento; sabiendo a qué sabe Dios y gustando en intimidad de familia de la misma vida que Dios vive en deletreo profundo de íntimos y dichosísimos requiebros de amor entre Dios y su pequeña Trinidad de la Santa Madre Iglesia…Y porque mi fe se me hace viva y vivificante, en el Sacramento de la Eucaristía busco a Jesús Sacramentado, “como la cierva busca las aguas del cristalino arroyo”; para saturarme, en la cercanía del Esposo divino de mi alma, del gozo dichosísimo de su presencia tras las puertas del sagrario, donde se oculta el Dios vivo durante todos los tiempos por si alguno viene a verle.

Y en su compañía y apoyada en su pecho, como el Apóstol San Juan en la última Cena, repleto toda la necesidad como insaciable de amar y de ser amada, que Dios puso en el corazón del hombre para poseerle repletándole con su llenura».

Yo tengo fe, Opúsculo nº 17, pp. 31-32,
Colección: “Luz en la noche – El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”

 

 

La comunión a los enfermos

 

Todos los viernes, los sacerdotes llevan la sagrada comunión a los enfermos que lo deseen. Qué gran regalo es para ellos poder recibir al mismo Señor en su casa, como lo hicieron Marta, María y Lázaro en Betania. Y qué alegría para Jesús acercarse a aquellos que no pueden desplazarse hasta la iglesia para darles la paz, la alegría y la fuerza que necesitan en su enfermedad o en su ancianidad.

Aquellos que estén interesados o que sepan de alguien que pudiera estarlo, rogamos lo indiquen en el despacho parroquial o bien escriban un e-mail para que nos pongamos en contacto con ellos.