Igual que a los Apóstoles el día de Pentecostés, también a nosotros el Espíritu Santo nos quiere fortalecer y transformar el día de nuestra Confirmación.

Es el mismo don que Dios quiere darnos para culminar nuestra iniciación cristiana y para que seamos verdaderos testigos del Señor en medio del mundo que nos rodea.

El Obispo o uno de sus vicarios invocan a la tercera Persona de la Santísima Trinidad para que descienda sobre nosotros a través de la imposición de manos y la unción con el Crisma. Con esta unción, que también se recibe en los otros sacramentos que no se pueden repetir (Bautismo y Orden Sacerdotal), nos unimos a Cristo, y participamos de su ser Sacerdote, Profeta y Rey.

 

PARA ADOLESCENTES

 

Los adolescentes que deseen recibir la Confirmación deben recibir primero la catequesis adecuada a su edad.

 

PARA JÓVENES Y ADULTOS

 

Las personas que han superado la edad normal de catequesis y no hayan recibido aún la Confirmación pueden prepararse también para recibir este sacramento con una catequesis específica o bien con un cursillo intensivo para los que ya frecuentan las reuniones de formación de jóvenes.

 

 

 Ficha de inscripción a la Confirmación

 

 

La Confirmación en los documentos de la Iglesia:
 

«El sacramento de la confirmación, que imprime carácter y por el que los bautizados, avanzando por el camino de la iniciación cristiana, quedan enriquecidos con el don del Espíritu Santo y vinculados más perfectamente a la Iglesia, los fortalece y obliga con mayor fuerza a que, de palabra y obra, sean testigos de Cristo y propaguen y defiendan la fe».

Código de Derecho Canónico, c. 879

 

«Los fieles están obligados a recibir este sacramento en el tiempo oportuno; los padres y los pastores de almas, sobre todo los párrocos, procuren que los fieles sean bien preparados para recibirlo y que lo reciban en el tiempo oportuno».

Código de Derecho Canónico, c. 890

 

La Confirmación en los escritos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia:
 

«Yo tengo fe… Y creo asimismo que, para que nada les faltara a los Apóstoles en la misión salvadora que, sobre la humanidad caída, el divino Maestro les encomendó, Cristo, en Pentecostés, hizo recaer sobre ellos en compañía de María, Madre sacerdotal, los dones, frutos y carismas del mismo Espíritu Santo; que se nos da por medio de la Confirmación para el fortalecimiento y robustecimiento de nuestra vida de fe, esperanza y caridad. “Una vez que comían juntos les recomendó: ‘No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que Yo os he hablado. Juan bautizó con agua; dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo’”. “Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”».

Yo tengo fe, Opúsculo nº 17, pp. 21 ss.,
Colección: “Luz en la noche – El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa”