El horario del asistente social es el siguiente:

 

Jueves de 17:00 a 20:00

 

La parroquia quiere ayudar a todas las personas necesitadas, ya sea ayudando a buscar un trabajo, orientando en cuestiones legislativas, elaborando una “hoja de caridad” para solicitar una ayuda económica o haciendo lo que está de su parte para echar una mano a solucionar los problemas materiales que puedan tener los que a ella se acercan. Para realizar todo esto con solicitud y garantía, la parroquia se vale del asistente social, quien realiza todo esto con mucha ilusión y siendo consciente de que lo que hacemos a los demás, a Jesús mismo se lo hacemos.

 

 

El Magisterio de la Iglesia nos dice:
 

«El bien común supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: “derecho a… actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa” (cf GS 26, 2).En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. (cf GS 26, 2).El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva».

Catecismo de la Iglesia Católica, 1907 ss