Es conseguir, entre todos, que Jesús en la Eucaristía esté siempre acompañado, durante todo el día, para darle nuestro amor y consuelo, y para pedirle su ayuda, que tanto necesitamos.

El horario es de 8:00 hasta las 23:00 h. diariamente, el Señor te espera incansablemente en la custodia –exceptuando los momentos en los que haya alguna celebración litúrgica– para llenarte de su alegría y de su paz, para descansar en ti y contarte sus secretos, para concederte aquello que más deseas.

Quien acompaña al Señor es el centinela e intercesor, que representa a su familia, a la Iglesia y a la humanidad durante ese tiempo precioso de adoración, en el cual recibe también muchos beneficios personales.

Más de 200 personas están forman parte de esta preciosa iniciativa cuyos abundantes frutos estamos empezando ya a percibir todos.

¡Apúntate tú también para hacer una hora fija de oración! Sólo necesitas organizarte para dedicarle una hora a la semana a Aquel que te ha dedicado a ti toda su Vida. O si lo prefieres, puedes apuntarte como suplente para rellenar los huecos que haga falta cubrir.

 

La Palabra de Dios nos enseña:
 

«Estad siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos».

Ef 6, 18
 
El Señor se queja:
 

«Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no los encuentro».

Sal 68, 21
 
Benedicto XVI nos dice:
 

«Recomiendo ardientemente a los Pastores dela Iglesiay al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística (…) Además, cuando sea posible, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua».

Sacramentum Caritatis, 67
 
La Madre Trinidad nos explica:
 

«Orar es hacer silencio para apercibir al Amor».

«Orar es estar con el Amor porque a Éste le gusta estar acompañado de los que ama».

«Orar es estar con el Señor como puedas, siempre que pongas lo que esté de tu parte por estar en su compañía».

«Las puertas del sagrario son las puertas del Paraíso, porque detrás de ellas se oculta el Eterno. Por eso, el alma que descubre a Jesús en el sagra­rio se encuentra con el cielo».

«Dios instituyóla Eucaristíapara estar conmigo siempre. ¡El Amor es así! ¿Procuro yo estar con él? En eso sabré cuánto y cómo le amo».

«Con Jesús en el sagrario, desahogando el corazón, ¡qué bien se está! El sabe nuestras congojas y el porqué de nuestras lágrimas; por eso besa al alma con ternura de misterio».

Frutos de Oración, 1176, 1182, 1192, 892, 896, 899